✝️ «Pues aun los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No temáis» (Lucas 12, […]
✝️ «Pues aun los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No temáis» (Lucas 12, […]
✝️ En aquel tiempo, dijo Jesús al gentío: «Esta es la voluntad de mi Padre: […]
El estribillo insiste de nuevo con fuerza: «porque es eterna su misericordia». Para el pueblo de Israel, el Éxodo y el paso del mar Rojo no eran simples relatos del pasado, sino la prueba viva de que Dios interviene activamente cuando su gente sufre. La «mano poderosa» y el «brazo extendido» del Señor representan ese amor protector que no se conforma con vernos sometidos al miedo, al pecado o al desánimo. En nuestra vida cotidiana, a menudo nos topamos con «mares Rojos»: situaciones bloqueadas, problemas de los que no vemos salida o ataduras interiores. Este salmo nos invita a confiar en que la misericordia de Dios sigue abriendo senderos donde antes solo había obstáculo e imposibilidad.
Entonces dijo Jesús: «La piedra que desecharon […]
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «A vosotros los que me escucháis os […]
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «Si alguno no os recibe o no […]
Señor Dios, hoy vengo a Ti con mis murallas caídas y mi espada embotada por el cansancio de mis propias batallas. Tú conoces las áreas de mi vida donde me siento rechazado, humillado o superado por las dificultades. No me escondas Tu rostro en el día de la angustia. Recibe mi dolor y mi desconcierto, abraza mi fragilidad y, aunque hoy me cueste ver Tu favor, mantén mi vida unida a Ti en medio de la tormenta. Amén.
Señor Dios, ten piedad de mí y bendíceme; haz que Tu rostro brille sobre mi vida para que mis dudas y temores se desvanezcan. Que Tu luz me atraviese de tal manera que quienes me rodean hoy puedan conocer Tus caminos de paz y de justicia a través de mis acciones. Gracias porque sé que bajo Tu cuidado la tierra siempre da su fruto. Que Tu bendición me acompañe y me convierta en un canal de Tu alegría para el mundo. Amén.
En aquel tiempo, tomó la palabra Jesús y dijo: «Te doy gracias, Padre, Señor del […]
Salmo 40, Señor sáname. Señor, dame un corazón sensible para ver la necesidad de los que me rodean. Enséñame a ser Tu mano para el que sufre, para que cuando yo me sienta débil, pueda experimentar cómo Tú cuidas de mí y transformas mi cansancio en fortaleza. Gracias por Tu lealtad. Amén.