Monasterio de Rila, Sofia Bulgaria, imagen de Wpandita

Se levantó una fuerte tempestad y las olas rompían contra la barca hasta casi llenarla de agua. Él estaba en la popa, dormido sobre un cabezal. Lo despertaron, diciéndole:«Maestro, ¿no te importa que perezcamos?».Se puso en pie, increpó al viento y dijo al mar:«¡Silencio, enmudece!». El viento cesó y vino una gran calma.

🛡️ Salmo 106 (B) |  «La Calma en la Tormenta y el Ansiado Puerto«

Hermoso Salmo para reflexionar. Mientras vemos con el salmista como siguen las obras de Dios en la historia de Israel, que es lo mismo que decir en la historia de la humanidad.
Tal y como lo hizo el Pueblo de Israel, –como el salmista–: «contemplemos las obras de Dios».

El salmista pinta con una maestría sobrecogedora la fragilidad humana frente a la furia del océano. El texto es una alegoría de las crisis inesperadas, demostrando que cuando la habilidad humana alcanza su límite, la intervención divina no solo apacigua el caos exterior, sino que transforma el pánico interior en una bonanza suave que nos conduce a puerto seguro.

Herramientas

Jaculatoria: «Apaciguó la tormenta en suave brisa, y enmudecieron las olas del mar. Y él los condujo al ansiado puerto.»
o también: Dad gracias al Señor por su misericordia, por las maravillas que hace con los hombres.

Reto del día: «La Bonanza Interior». Si hoy surge una tormenta, un imprevisto, una discusión o una ola de estrés en tus faenas diarias, vas a aplicar la pausa de la «suave brisa». No reacciones desde la prisa ni desde el mareo del momento. Cierra los ojos tres segundos, repite la jaculatoria del salmo, recupera el control de tus emociones y responde con total ecuanimidad y claridad. 🙏

✍️  ¡No hay tormenta que pueda hundir tu barco si caminas con paz y alegría! 🛡️🌊✨  ¡Navega con sabiduría, porque vas directo hacia un puerto seguro! 🙌❤️🌅

Salmo 106 B

Entraron en naves por el mar,
comerciando por las aguas inmensas.
Contemplaron las obras de Dios,
sus maravillas en el océano.

Él habló y levantó un viento tormentoso,
que alzaba las olas a lo alto:
subían al cielo, bajaban al abismo,
su vida se marchitaba por el mareo,
rodaban, se tambaleaban como ebrios,
y nos les valía su pericia.
Pero gritaron al Señor en su angustia,
y los arrancó de la tribulación.

Apaciguó la tormenta en suave brisa,
y enmudecieron las olas del mar.
Se alegraron de aquella bonanza,
y él los condujo al ansiado puerto.
Den gracias al Señor por su misericordia,
por las maravillas que hace con los hombres.

Aclámenlo en la asamblea del pueblo,
alábenlo en el consejo de los ancianos.

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