El colorido del lapacho rosado levanta el corazón y la mirada hacia Arriba, imagen de Carlos Farizano desde Ctes

Pero Jesús le increpó diciendo: «¡Cállate y sal de él!» Entonces el demonio, tirando al hombre por tierra en medio de la gente, salió sin hacerle daño.
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Este salmo propone cuatro pasos:
Una Invitación
Una maldición: para los que se burlan del amigo fiel a Dios, llegará la confusión.
Una bendición: para los que confiesan la grandeza de Dios, llegará la bendición.
El cuarto una súplica: ¡No tardes!

La afirmación para hoy: Tú eres mi auxilio. o También: Señor Adonai, no tardes.
Paz y bien.

Este breve salmo es un grito de auxilio que nace de la urgencia. El orante siente la amenaza de sus enemigos y no tiene más recurso que clamar: “Señor, no tardes”. La oración se convierte en un acto de total confianza: aunque pobre y frágil, sabe que Dios es su auxilio y liberación.

Escúchalo:

Salmo 69

Dios mío, ven en mi auxilio
Dios mío, dígnate a librarme;

Señor, date prisa en socorrerme.
Sufran una derrota ignominiosa
los que me persiguen a muerte;

vuelvan la espalda afrentados
los que traman mi daño;
que se retiren avergonzados
los que se ríen de mí.

Alégrense y gocen contigo
todos los que te buscan;
y digan siempre: «Dios es grande»,
los que desean tu salvación.

Yo soy pobre y desgraciado:
Dios mío, socórreme,
que tú eres mi auxilio y mi liberación.
¡Señor, no tardes!

 

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