
Jesús les respondió: «No estoy solo, porque el Padre está conmigo».
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Si la primera parte del salmo nos hacía mirar hacia las estrellas, esta segunda parte nos hace mirar hacia dentro
A nivel espiritual, para el salmista la Ley y la Palabra de Yhavé, eran como el Sol, que iluminan la vida del pueblo peregrino. Si en la primera parte Dios se manifestaba en el Sol, en esta segunda parte del Salmo Dios se manifiesta en su Palabra, que incluso en la Thora, la Ley de Yhavé llega a describirse como «clara y que da luz a los ojos«.
Más aún: La Ley de Jhavé es un poco especial porque es: perfecta, verdadera, recta, clara, pura. «Devuelve el aliento». Dios no es solo un legislador, es un Redentor que nos limpia desde donde nosotros no alcanzamos a ver. Con El, no basta con «parecer buenos», El invita a cuidar el susurro que suena en el fondo de tu corazón.
🗣️Hermosa jaculatoria para repetir hoy:
«La instrucción del Señor (Adonai) da luz a los ojos«.
o también,
Purifícame de culpas ocultas
o,
Da sabiduría al ignorante
🎯 Reto del día: «Limpieza de Puntos Ciegos»
Hoy, haz esta ejercicio dile a Dios, «enséñame a navegar por las entrañas más profundas de mi ser y «purifícame de mis culpas ocultas». Para poder llegar a eso identifica y admite una pequeña equivocación propia, –incluso si la has cometido delante alguien más, acéptala–, con humildad, antes de que termine el día. Limpia un pequeño punto ciego de tu vida, hoy.
Escúchalo o léelo
Paz y Bien. Bendiciones.
Salmo 18 II
La ley del Señor es perfecta:
devuelve el aliento;
el precepto del Señor es verdadero:
da sabiduría al ignorante;
Los mandatos del Señor son rectos:
alegran el corazón;
la instrucción del Señor es clara:
da luz a los ojos;
El respeto del Señor es puro:
dura para siempre;
los mandamientos del Señor son verdaderos:
justos sin excepción;
Son más valiosos que el oro,
que el metal más fino;
son más dulces que la miel que destila un panal.
Aunque tu servidor se alumbra con ellos
y guardarlos trae gran recompensa,
¿quién se da cuenta de sus propios errores?
Purifícame de culpas ocultas;
del orgullo protege a tu servidor,
para que no me domine.
Entonces seré irreprochable
e inocente de grave pecado.
Que te agraden las palabras de mi boca,
que te plazca el susurro de mi corazón,
¡Señor, Roca mía, Redentor mío!
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