
Al día siguiente, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó: «Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.
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Lo que más deseo en el mundo es…., dices con cierta frecuencia.
Tú y yo somos seres que deseamos, forma parte de nuestra existencia.
Ahora bien, si siempre estás deseando lo que no tienes, no te queda tiempo para gozar, disfrutar, regocijarse, deleitarse…, de lo que ya tienes hoy.
No te centres tanto en lo que deseas, mira más a lo que ya es, ámalo, vívelo, disfrútalo, compártelo…Hermoso el salmo de hoy.
Hasta mañana, sé feliz hoy.
Si lo centramos en la antesala de la fiesta de los Reyes Magos, entonces. Antes de que la estrella aparezca fuera, hay una estrella que se enciende dentro: la sed. Los Magos no comienzan el camino porque lo saben todo, sino porque les falta algo. Y eso es lo que les pone en camino en búsqueda.
La imagen del ciervo que busca agua no es de curiosidad, sino de necesidad vital. No se busca a Dios como quien busca una idea, sino como quien busca vida.
Paz y bien. Léelo o escúchalo:
🌿 Jaculatoria
“Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo.”
🌿 Oración
Oh Dios, despierta en nosotros la sed verdadera,
no la del tener, sino la del ser;
no la del ruido, sino la del encuentro.Haz que no se apague la luz que brilla en mi interior,
y me pone en Camino.Que mi alma, como ciervo sediento,
siga en búsqueda de la huella que lleva al Agua Viva.
Amén Amén Amén. 💧✨
Salmo 41
Como busca la cierva
corrientes de agua,
así mi alma te busca
a ti, Dios mío;
tiene sed de Dios,
del Dios vivo:
¿cuándo entraré a ver
el rostro de mi Dios?
Las lágrimas son mi pan
de noche y día,
mientras todo el día me repiten:
«¿Dónde está tu Dios?»
Recuerdo otros tiempos,
mi alma desfallece de tristeza:
como marchaba a la cabeza del grupo,
hacia la casa de Dios,
entre cantos de júbilos y alabanzas,
en el bullicio de la fiesta.
¿Porque te acongojas, alma mía,
porque te me turbas?
Espera en Dios que volverás a alabarlo:
«salud de mi rostro, Dios mío».
Cuando mi alma se acongoja,
te recuerdo, desde el Jordán y el Hermón
y el monte Menor.
Una sima grita a otra sima
con voz de cascadas:
tus torrentes y tus olas
me han arrollado.
De día el Señor
me hará misericordia,
de noche cantaré la alabanza
del Dios de mi vida.
Diré a Dios: Roca mía
¿por qué me olvidas?
¿Por que voy andando sombrío,
hostigado por mi enemigo?
Se me rompen los huesos
por las burlas del adversario;
todo el día me preguntan:
«¿Dónde está tu Dios?»
¿Por que te acongojas, alma mía,
por que te turbas?
Espera en Dios, que volverás a alabarlo:
«Salud de mi rostro, Dios mío.»
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