
Jesús les dijo a sus discípulos: «Mirad y guardaos de toda codicia, porque, aun en la abundancia, la vida de uno no está asegurada por sus bienes»
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Estamos de paso, decíamos ayer en la primera parte del salmo. No es fácil aceptar esta verdad de forma plena y eso que pasa cada día por delante de tu casa.
Es real, concreto y poético: todo lo que puedas tener y acumular se queda aquí en un breve lapso de tiempo.
Vive con esa verdad incuestionable en el corazón y muchos pesos de tu vida caerán por sí solos.
Hasta mañana, paz y bien. Bendiciones.
Mantra: A mí, Dios me salva.
o también: el hombre rico e inconsciente es como un animal que perece.
Léelo escúchalo:
Paz y Bien, Bendiciones.
Salmo 48 B
Este es el camino de los confiados,
el destino de los hombres satisfechos:
son un rebaño para el abismo,
la muerte es su pastor,
y bajan derechos a la tumba;
se desvanece su figura
y el abismo es su casa.
Pero a mí, Dios me salva,
me saca de las garras del abismo
y me lleva consigo.
No te preocupes si se enriquece un hombre
y aumenta el fasto de su casa:
cuando muera, no se llevará nada,
su fasto no bajará con él.
Aunque en vida se felicitaba:
«Ponderan lo bien que lo pasas»,
irá a reunirse con sus antepasados,
que no verán nunca la luz.
El hombre rico e inconsciente
es como un animal que perece.
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Gracias por darnos tanta luz, bendiciones