
Pero Jesús le increpó diciendo: «¡Cállate y sal de él!» Entonces el demonio, tirando al hombre por tierra en medio de la gente, salió sin hacerle daño. Quedaron todos asombrados y comentaban entre sí: «¿Qué clase de palabra es esta? Pues da órdenes con autoridad y poder a los espíritus inmundos, y salen». Y su fama se difundía por todos los lugares de la comarca.
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En esta lucha de la esperanza y la desesperación , que hemos visto los dos días pasados, el salmista insiste en algo que nos puede pasar desapercibido con frecuencia: No somos eternos, somos temporales y limitados.
La comparación con Dios, el fundamento de la esperanza, es que Jahvé es Eterno. Y no tiene prisa. Tiene todo el tiempo del mundo.
Llegará el tiempo del consuelo y de la reconstrucción, llegará…, pero no sabemos cuándo, El tiene todo el tiempo del mundo.
Tras haber desahogado el dolor físico y haber contemplado la promesa colectiva de restauración, el salmista regresa a su propia finitud, pero ahora lo hace desde una atalaya espiritual: confronta el misterio del desgaste y del tiempo biológico contrapuesto a la eternidad del Creador, concluyendo con un sello definitivo de seguridad y trascendencia para el futuro.
🗣️ Herramientas
Jaculatoria: «Tú, en cambio, eres siempre el mismo, tus años no se acabarán.»
Reto del día: «El Ancla de lo Permanente». Hoy, si experimentas un momento de agobio por la falta de tiempo, el cansancio del cuerpo o la inestabilidad de una situación laboral, vas a aplicar un stop consciente. Cierra los ojos durante diez segundos, visualiza que te desprendes de la prisa como quien se quita un vestido viejo, repite la jaculatoria del salmo y retoma tus actividades desde un estado de calma concentrada y serena. 🙏
✍️ ¡Tus fuerzas se renuevan hoy en lo que no cambia! 🛡️✨🌅 ¡Nuestro fundamento es indestructible🙌❤️☀️
Hasta mañana, paz y alegría.
Salmo 101 C
Él agotó mis fuerzas en el camino,
acortó mis días;
y yo diré: «Dios mío, no me arrebates
en la mitad de mis días.»
Tus años duran por todas las generaciones:
al principio cimentaste la tierra,
y el cielo es la obra de tus manos.
Ellos perecerán, tú permaneces,
se gastarán como la ropa,
serán como un vestido que se muda.
Tú, en cambio, eres siempre el mismo,
tus años no se acabarán.
Los hijos de tus siervos vivirán seguros,
su linaje durará en tu presencia.
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