
En aquel tiempo, al acercarse Jesús a Jerusalén y ver la ciudad, lloró sobre ella, mientras decía: «Si reconocieras tú también en este día lo que conduce a la paz! Pero ahora está escondido a tus ojos.
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En todas las fiestas importantes del judaísmo se cantaban los salmos que van del 112 al 117.
Son himnos de alabanza y de acción de gracias a Yhavé. A este grupo de salmos se les llamaba el «Hallel egipcio» (liberación de Egipto).
Este último, –el que empezamos hoy– es un canto procesional. La primera parte canta las victorias de Jahvé Dios contra todos sus enemigos y el pueblo le alaba y va entonando un estribillo: «porque es eterna su misericordia».
Podemos unirnos con esta afirmación: Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia.
O también
Jaculatoria 💫
“La diestra del Señor es poderosa.”
Hasta mañana. Bendiciones.
Escúchalo:
Oración 🙏
Oh Dios, tu misericordia es eterna y me rodea como un escudo.
Cuando me siento empujado o cercado,
recuérdame que tu mano poderosa me sostiene.
Sé mi fuerza, mi energía y mi salvación.
Que mi vida sea testimonio de tus hazañas
y que siempre pueda decir:
“No he de morir, viviré.”
Amén Amén amén
Dios, según el salmo, no impide la prueba, pero tampoco permite que ella venza.
La diestra del Señor se vuelve la fuerza que libera, sostiene y renueva
Salmo 117 A
¡Aleluya!
Dad gracias al Señor-Adonai porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia.
Digan los fieles del Señor- Adonai:
eterna es su misericordia.
En el peligro grité al Señor- Adonai,
y me escuchó poniéndome a salvo.
El Señor- Adonai está conmigo: no temo;
¿qué podrá hacerme el hombre?
El Señor está conmigo y me auxilia,
veré la derrota de mis adversarios.
Mejor es refugiarse en el Señor-Adonai
que fiarse de los hombres,
mejor es refugiarse en el Señor- Adonai
que confiar en los magnates.
Todos los pueblos me rodeaban,
en el nombre del Señor-Adonai los rechacé;
me rodeaban cerrando el cerco,
en el nombre del Señor-Adonai los rechacé;
me rodeaban como avispas,
ardiendo como fuego en las zarzas,
en el nombre del Señor-Adonai los rechacé.
Empujaban y empujaban para derribarme,
pero el Señor me ayudó;
el Señor es mi fuerza y mi energía,
él es mi salvación,
Escuchad: hay cantos de victoria
en las tiendas de los justos:
«La diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es excelsa,
la diestra del Señor es poderosa.»
No he de morir, viviré
para contar las hazañas del Señor.
Me castigó, me castigó el Señor-Adonai,
pero no me entregó a la muerte.
¡Aleluya!
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La decisión del águila, ¿qué decisiones tomas tú?

