Felipe le dice: «Señor, muéstranos al Padre y nos basta». Jesús le replica: «Hace tanto […]
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✝️ «El Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba […]
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:«El que escucha estas palabras mías y no […]
✝️ «Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados» (Mateo 5, 4). Salmo 125 (126) […]
En aquellos días, Jesús salió al monte a orar y pasó la noche orando a […]
«Jesús les dijo: «¿No han leído nunca en las Escrituras: La piedra que desecharon los […]
Este Salmo 21 A, Abandono, comienza con el grito de abandono, pero no es un grito de falta de fe, sino de intimidad herida. El salmista se describe como «agua que se derrama» o «cera que se derrite», imágenes perfectas de la depresión y el agotamiento extremo. Lo impresionante es que, a pesar de sentirse como un «gusano», sigue llamando a Dios «Fuerza mía». Nos enseña que el lamento es una forma sagrada de oración: a Dios no le asustan nuestras quejas ni nuestras dudas.
Cuando veas injusticias en tu trabajo, en tu familia o en el mundo, no reprimas tu sentimiento. Haz como el salmista: dile a Dios que te parece que está lejos. La fe no es negar la realidad, sino presentar esa realidad ante el Único que puede cambiarla. Al final, el Salmo 10 nos recuerda que Dios es el «Padre de los huérfanos» y que Él escucha el deseo de los humildes.
«Jesús es respondió: «Al atardecer decís: «Va a hacer buen tiempo, porque el cielo tiene […]
Jesús dijo a sus discípulos: Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis […]