Salmo 144 A, bueno con todos, veintiocho de enero

Este salmo nos introduce en la alabanza pura, aquella que no nace de la urgencia ni del peligro, sino del reconocimiento amoroso de quién es Dios.
Después del clamor y la súplica de los salmos anteriores, el orante se detiene y proclama:
Dios reina, Dios es bueno, Dios permanece.

Entrar en este salmo es cruzar del combate a la contemplación agradecida.

Salmo 144 A, un Rey y un Reino, veintiocho de agosto

Pilato le preguntó: «Entonces, tú eres rey?» Jesús contestó: «Tú lo has dicho: yo soy […]