
En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: Ningún siervo puede servir a dos señores, porque, o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero».
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Lo dice casi con lágrimas en los ojos: –Cuando el dinero no me llega para lo que quiero me duele el corazón. ¿Cómo puedo superar ese apego que tengo a la plata?
¿Sabes una cosa? Todavía hay muchas cosas que no se pueden comprar con dinero, ¡Muchas!
Te invito a leer este artículo, haz clic en la frase en azul: Lo que se puede comprar con dinero.
Te puede ayudar como decreto la frase del salmo que dice:
Invócame el día del peligro: yo te libraré, y tú me darás gloria.
O este:
Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza.
Bendiciones, hasta mañana.
Dios no necesita ofrendas materiales ni rituales vacíos. El verdadero culto que Él desea es la alabanza sincera.
Dios nos interpela: ¿Dónde está tu corazón?
Escúchalo léelo:
Salmo 49 B
«Escucha, pueblo mío, que voy a hablarte;
Israel, voy a dar testimonio contra ti;
–yo, el Señor, tu Dios–.
No te reprocho tus sacrificios,
pues siempre están tus holocaustos ante mí.
Pero no aceptaré un becerro de tu casa,
ni un cabrito de tus rebaños;
pues las fieras de la selva son mías,
y hay miles de bestias en mis montes;
conozco todos los pájaros del cielo,
tengo a mano cuanto se agita en los campos.
Si tuviera hambre, no te lo diría;
pues el orbe y cuanto lo llena es mío.
¿Comeré yo carne de toros,
beberé sangre de cabritos?
Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza,
cumple tus votos al Altísimo
e invócame el día del peligro:
yo te libraré, y tú me darás gloria.»
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