Señor Dios, refugio nuestro de generación en generación, antes de que naciesen los montes Tú ya eras Dios. Ante la brevedad de mi vida, que pasa rápido y vuela, te pido hoy el don de la sabiduría: enséñame a calcular mis días para que adquiera un corazón sensato, libre de ansiedades triviales. Sáciame por la mañana con Tu misericordia para que toda mi jornada sea alegría y júbilo. Que Tu bondad baje hoy sobre mí y haga prósperas las obras de mis manos. Amén.
