Salmo 87, con el alba, dos de julio

Señor Dios mío, Tú que escuchas el grito que nace desde lo profundo del abismo, atiende hoy mi clamor. Cuando sientas que mis ojos se nublan de pesar, que las dificultades me encierran y que mis fuerzas fallan como las de un inválido, no te alejes. Aunque me cueste ver Tu luz y sienta que mi única compañía son las tinieblas, mantén mi alma unida a Ti. Recibe mi súplica sincera por la mañana, por el día y por la noche. Amén.