Señor Dios, Tú conoces lo corta que es mi vida y lo caduco de mi condición. No permitas que gaste mis días doblando las rodillas ante las dificultades o el desánimo. Acuérdate de Tu misericordia en los momentos en que me cuesta percibir Tu presencia. Hoy elijo levantar la mirada por encima de las murallas caídas y de las dudas de mi mente para declarar con todo mi ser: ¡Bendito el Señor por siempre! Amén, amén.
