Señor Dios, perdona mis dudas y esos momentos en los que pregunto con desconfianza si serás capaz de sostener mi futuro. Líbrame de la avidez que me hace consumir las bendiciones con prisa y sin gratitud. Gracias por el «pan de ángeles» que pones cada día en mi mesa: la salud, el trabajo, la familia y la fe. Enséñame a descansar en Tu providencia, sabiendo que las altas nubes están a Tu servicio para cuidar de mi vida. Amén.
