Salmo 18 A, nada se libra de su calor, tres de marzo

Salmo 18 A, recorriendo el Camino. En la era de las pantallas y el ruido constante, hemos perdido la capacidad de escuchar el «susurro» de la noche o el «mensaje» del día. Este salmo nos invita a la contemplación. Espiritualmente, nos recuerda que no hay excusa para no conocer a Dios, pues Su firma está en cada amanecer. Prácticamente, nos llama a cuidar la creación: si el cielo proclama Su gloria, destruir la naturaleza es como arrancar páginas de un libro sagrado.

Salmo 103 A, una sinfonía de Alabanza, veintiséis de octubre

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Tened ceñida vuestra cintura y encendidas las […]