
«Como dice el Espíritu Santo: Si oís hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones como el día de la provocación en el desierto, donde me provocaron vuestros padres y me pusieron a prueba, aun después de haber visto mis obras durante cuarenta años»
Himno por la liberación de Egipto.
Canto que celebra la salida de Egipto: el momento fundacional en que el pueblo deja de ser esclavo para convertirse en libre. Seguimos con el segundo salmo del Hallel, que judíos y cristianos rezan recordando la Pascua.
Para el salmista, la salida de Egipto, la llegada a la Tierra Prometida, el paso del Mar Rojo y el cruce del Jordán son realidades simultáneas. Dios es el protagonista en ambas: Yahvé pasa dejando huella, y hasta la tierra se estremece a su paso.
Esta es la Pascua: el paso liberador de Dios en la historia. Quizás el grito de la tierra sea tan fuerte como en la época que nos toca vivir.
El Martes Santo nos invita a reflexionar sobre los obstáculos que parecen insuperables. El salmo pregunta: «¿Qué te pasa, mar, que huyes?». Ante la presencia de Dios, lo que nos atrapa pierde su fuerza. Espiritualmente, este día nos prepara para entender que el camino de la Cruz no es una derrota, sino el paso –la Pascua– hacia la libertad definitiva.
Es una invitación a dejar de confiar en los «ídolos de plata y oro» (como menciona la segunda parte del salmo) para confiar en el Dios vivo que nos sostiene.
Jaculatoria:
En presencia del Señor se estremece la tierra.
🎯 Reto del día: El salto de la fe
Identifica un «mar» en tu vida: un miedo, un obstáculo o una situación que parece estancada. Hoy, en lugar de luchar contra él con tus propias fuerzas, entrégalo en oración diciendo:
«Señor, pasa Tú delante de mí».
Realiza una acción pequeña pero valiente que demuestre que confías en Su guía.
Paz y alegría. Hasta mañana.
Salmo 113
Cuando Israel salió de Egipto,
los hijos de Jacob de un pueblo balbuciente,
Judá fue su santuario,
Israel fue su dominio.
El mar, al verlos, huyó,
el Jordán se echó atrás;
los montes saltaron como carneros;
las colinas, como corderos.
¿Qué té pasa, mar, que huyes,
y a ti, Jordán que te echas atrás?
¿Y a vosotros, montes, que saltáis como carneros;
colinas, que saltáis como corderos?.
En presencia del Señor se estremece la tierra,
en presencia del Dios de Jacob,
que transforma las peñas en estanques,
el pedernal en manantiales de agua.
No a nosotros, Señor, no a nosotros,
sino a tu nombre da la gloria;
por tu bondad, por tu lealtad;
¿por que han de decir las naciones:
«dónde está tu Dios?»
Nuestro Dios está en el cielo,
lo que quiere lo hace.
Sus ídolos, en cambio, son plata y oro,
hechuras de manos humanas:
Tienen boca, y no hablan;
tienen ojos, y no ven;
tienen orejas, y no oyen;
tienen nariz, y no huelen;
tienen manos, y no tocan;
tienen pies, y no andan;
no tiene voz su garganta:
que sean igual los que lo hacen,
cuantos confían en ellos.
Israel confía en el Señor:
es su auxilio y su escudo.
La casa de Aarón confía en el Señor:
él es su auxilio y su escudo.
Los fieles del Señor confían en el Señor:
él es su auxilio y su escudo.
Que el Señor se acuerde
de nosotros y nos bendiga,
bendiga la casa de Israel,
bendiga la casa de Aaron,
bendiga a los fieles de Señor,
pequeños y grandes.
Que el Señor os acreciente,
a vosotros y a vuestros hijos;
benditos seáis del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.
El cielo pertenece al Señor,
la tierra se la ha dado a los hombres.
Los muertos ya no hablan al Señor,
ni los que bajan al silencio.
Nosotros, si, bendeciremos al Señor
ahora y por siempre.
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