
Entonces Jesús les dijo: Nadie echa vino nuevo en odres viejos: porque, si lo hace, el vino nuevo reventará los odres y se derramará, y los odres se estropearán. A vino nuevo, odres nuevos.
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Seguimos con el salmo de ayer. En tu interior esas luchas —que ya hemos citado— han de recordar, —según el salmista hoy—que Dios es el Creador de todo y por lo tanto, si estás cerca de Dios, nada ni nadie puede ser dueño de tu vida. Solo Dios ha de ser el Centro.
El orante recuerda el poder creador y salvador de Dios. Evoca imágenes cósmicas: el mar agitado, el Leviatán vencido, la luz y las estaciones, todo lo que manifiesta que Dios es Señor de la creación y de la historia.
El contraste es fuerte: si Dios domina al caos y sostiene el universo, ¿cómo no va a poder salvar a su pueblo de los enemigos actuales?
Decreto de hoy podría ser este: ¡Levántate, oh Dios, defiende tu causa!, lo cual quiere decir que Dios está de tu parte, si le escuchas sales victorioso en tus batallas internas.
Hasta mañana, bendiciones.
Escúchalo:
Salmo 73 b
Tú con tu fuerza agitaste el Mar,
quebraste las cabezas del monstruo marino.
Tú aplastaste las cabezas de Leviatán,
las echaste como pasto a manadas de fieras.
Tú alumbraste manantiales y torrentes,
tú secaste ríos inagotables.
Tuyo es el día, tuya también la noche,
tú colocaste la luna y el sol.
Tú trazaste los límites del mundo,
el verano y el invierno tú los creaste.
Recuérdalo: el enemigo te afrenta, Señor,
y un pueblo insensato desprecia tu Nombre.
No entregues al depredador
la vida de tu tórtola,
no olvides para siempre la vida de tus pobres.
Fíjate en la alianza:
que los escondrijos del país
están repletos de focos de violencia.
¡No quede defraudado el oprimido,
que el humilde y el pobre alaben tu Nombre!
¡Levántate, oh Dios, defiende tu causa!,
recuerda las continuas ofensas del insensato,
no olvides el griterío de tus adversarios,
el creciente vocerío de tus agresores.
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