Salmo 142, sáname, veintiséis de enero

Este salmo es la oración del agotamiento confiado. El orante reconoce su fragilidad sin máscaras: no se justifica, no se defiende, se entrega a la fidelidad y a la justicia de Dios.

La oscuridad es real: persecución, tiniebla, sequedad interior. Pero en medio de todo surge un gesto decisivo: recordar. La memoria de las obras de Dios se convierte en fuente cuando el corazón está reseco.

Salmo 103 C, Aliento de Vida, veintiocho de octubre

Al decirles esto Jesús, sopló sobre ellos y añadió: «Recibid el Espíritu Santo». +++ Seguimos […]