Salmo 142, sáname, veintiséis de enero

Este salmo es la oración del agotamiento confiado. El orante reconoce su fragilidad sin máscaras: no se justifica, no se defiende, se entrega a la fidelidad y a la justicia de Dios.

La oscuridad es real: persecución, tiniebla, sequedad interior. Pero en medio de todo surge un gesto decisivo: recordar. La memoria de las obras de Dios se convierte en fuente cuando el corazón está reseco.

Salmo 141, indícame el Camino, veinticinco de enero

Este salmo es la oración de la soledad extrema. El orante no disimula: está cansado, rodeado de trampas, sin apoyos humanos. Mira a un lado y a otro… y no hay nadie.

Pero en ese vacío emerge una confesión decisiva: “Tú eres mi refugio”

Salmo 101 A, respóndeme pronto, veintiuno de octubre

Él les contestó: «Elías vendrá y lo renovará todo. Pero os digo que Elías ya […]

Salmo 141, me rodearán los justos, once de mayo

«Se acercaron a Jesús le despertaron diciendo: «¡Señor, sálvanos, que perecemos!» Les dijo: «¿Por qué […]

Salmo 101 B, ya es hora, cinco de febrero

En aquel tiempo, Jesús dijo: «¿Se trae el candil para meterlo debajo del celemín o […]

Salmo 101 A, no me escondas tu rostro, cuatro de febrero

Y Jesús se apartó de ellos como a un tiro de piedra, y poniéndose de […]

Salmo 141, mi refugio, cuatro de marzo

“Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo […]

Cada día doce de mayo, !no a los agujeros negros!, salmo 142

“Enséñame a cumplir tu voluntad, ya que tú eres mi Dios”. En la tensión que […]