Salmo 142, sáname, veintiséis de enero

Este salmo es la oración del agotamiento confiado. El orante reconoce su fragilidad sin máscaras: no se justifica, no se defiende, se entrega a la fidelidad y a la justicia de Dios.

La oscuridad es real: persecución, tiniebla, sequedad interior. Pero en medio de todo surge un gesto decisivo: recordar. La memoria de las obras de Dios se convierte en fuente cuando el corazón está reseco.

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Salmo 142, el camino que he de seguir, veintiséis de agosto

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Salmo 142 , confío, tres de diciembre

En aquel tiempo, Jesús entró en el templo y se puso a echar a los […]

Salmo 142, tengo sed de ti, diecinueve de septiembre

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