Señor Dios de poder, Tú conoces los momentos en los que me siento en la trampa o abrumado por las cargas de la vida. Gracias porque sé que me estás refinando como a la plata, quitando de mí lo que no sirve para hacerme brillar más. No dejes que mis pies tropiecen en medio de la tormenta. Dame la fuerza para cruzar el fuego y el agua, manteniendo la mirada fija en Ti, sabiendo que muy pronto me darás el respiro que tanto necesito. Amén.
