En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «Id y proclamad que el reino de […]
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «Id y proclamad que el reino de […]
EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando venga en su gloria el Hijo […]
Señor Dios, Tú conoces lo corta que es mi vida y lo caduco de mi condición. No permitas que gaste mis días doblando las rodillas ante las dificultades o el desánimo. Acuérdate de Tu misericordia en los momentos en que me cuesta percibir Tu presencia. Hoy elijo levantar la mirada por encima de las murallas caídas y de las dudas de mi mente para declarar con todo mi ser: ¡Bendito el Señor por siempre! Amén, amén.
Señor Dios, Salvador nuestro, gracias porque sé que has perdonado mi pasado y has reprimido Tu cólera ante mis caídas. Te pido que hoy devuelvas la vida y la alegría a mi corazón. Que Tu misericordia y Tu fidelidad salgan a mi encuentro en cada tarea de esta jornada. Permite que la justicia y la paz se besen en mis decisiones, y bendice mi vida para que la tierra de mi presente dé el fruto que Tú esperas. Amén.
Señor Dios, Salvador nuestro, Tú conoces los días en que las dificultades nos asedian y nos sentimos profundamente agotados. Ven pronto a nuestro encuentro con Tu compasión; líbranos de la angustia y cura las heridas que las pruebas del camino han dejado en nuestra alma. No permitas que el desánimo nos haga dudar de Tu presencia. Recordamos hoy que somos las ovejas de Tu rebaño y elegimos darte gracias y cantar Tus alabanzas en medio de cualquier circunstancia. Amén.
Señor, Tú conoces el dolor de la traición y la herida de la confianza rota. Cuando las palabras de otros me hieran como puñales, rescata mi alma con Tu paz. Te entrego mis afanes y mis miedos, sabiendo que Tú no permitirás que yo caiga. En la mañana, en la tarde y al mediodía, mi confianza está puesta solo en Ti. Amén.
A menudo buscamos la felicidad en «copas ajenas» o ídolos modernos (el éxito, la opinión de los demás, el consumo). El salmo 15 nos invita a un ejercicio de prioridades. Si Dios es el centro, el resto de las piezas del rompecabezas de nuestra vida (familia, trabajo, salud) encuentran su lugar.
Esta última parte muestra una misericordia que no es solo acontecimiento pasado, sino fidelidad que acompaña. Dios no solo libera una vez: conduce, sostiene, alimenta, recuerda.
La misericordia se vuelve aquí camino largo: desierto, lucha, cansancio, espera, provisión diaria.
No hay épica sin cotidianeidad, no hay promesa sin proceso.
EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando recéis, no uséis muchas palabras, como […]
El que da en abundancia, recibe más de lo que dio; pero el que es […]