Salmo 62, la rosa roja silvestre, veintitrés de mayo

Señor, Dios mío, Tú conoces mis sequedades y cuántas veces busco saciarme en cosas que no llenan. Hoy te digo con todo mi ser que mi alma tiene sed de Ti. Tu gracia vale más que la vida misma. Quédate conmigo hoy; que sienta el abrazo de Tu diestra que me sostiene y la seguridad de Tus alas que me cubren. Que mi vida entera sea un canto de júbilo y alabanza para Ti. Amén.

Salmo 62, Sed Apacible, cinco de diciembre

Jesús quedó admirado y dijo a los que lo seguían: «En verdad os digo que […]

Salmo 62, una pregunta sencilla ¿por qué te levantas cada día?, diecinueve de julio

Jesús entonces dice a la samaritana: El que beba de esta agua tendrá nuevamente sed, […]

Salmo 62, el sediento, veintitrés de mayo, en edición

Jesús le contestó a la samaritana:«El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; […]

Salmo 63 (62), cada día treinta y uno de julio, Ignacio de Loyola el peregrino sediento

¿Cómo se puede llegar a vivir sin agua? El que conoce a Dios, cuando lo […]