Salmo 62, la rosa roja silvestre, veintitrés de mayo

Señor, Dios mío, Tú conoces mis sequedades y cuántas veces busco saciarme en cosas que no llenan. Hoy te digo con todo mi ser que mi alma tiene sed de Ti. Tu gracia vale más que la vida misma. Quédate conmigo hoy; que sienta el abrazo de Tu diestra que me sostiene y la seguridad de Tus alas que me cubren. Que mi vida entera sea un canto de júbilo y alabanza para Ti. Amén.

Salmo 61, ¿a quién abres tu corazón?, cuatro de diciembre

 El centurión le replicó: «Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo. Basta […]

Salmo 132, La Bendición de la Unidad, once de agosto

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: «Yo soy la vid verdadera, y mi […]

Salmo 127, alimento y trabajo, cinco de agosto

Jesús dijo: «Al que se le dio mucho, se le pedirá mucho; y al que […]