Señor de los ejércitos, Rey mío y Dios mío, mi corazón y mi carne se alegran hoy en Tu presencia. Te pido que seas el sol que ilumine mis decisiones y el escudo que proteja mi paz en esta jornada. Cuando me toque atravesar valles áridos llenos de prisa o dificultades, dame la gracia de transformarlos en oasis de bendición. Como el gorrión que encuentra su nido en Tus altares, que mi alma descanse hoy en la absoluta seguridad de Tu amor. Amén.
