Salmo 83, lluvia temprana, veintisiete de junio

Señor de los ejércitos, Rey mío y Dios mío, mi corazón y mi carne se alegran hoy en Tu presencia. Te pido que seas el sol que ilumine mis decisiones y el escudo que proteja mi paz en esta jornada. Cuando me toque atravesar valles áridos llenos de prisa o dificultades, dame la gracia de transformarlos en oasis de bendición. Como el gorrión que encuentra su nido en Tus altares, que mi alma descanse hoy en la absoluta seguridad de Tu amor. Amén.

Salmo 83, sol y escudo, nueve de mayo

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Cada día, veintitrés de enero, regreso al hogar, salmo 84

Aunque el ser humano es, como comentamos hace unos días,  en esencia un ser en […]