Salmo 17 II, desde el cielo alargó la mano. Este pasaje nos muestra un contraste asombroso. Por un lado, tenemos el Dios Cósmico: el que cabalga sobre querubines, el que hace temblar los montes y cuya voz es trueno y fuego. Pero, por otro lado, el propósito de todo ese despliegue de poder no es destruir el mundo, sino alcanzar a una persona: «Alargó la mano y me sostuvo, me sacó de las aguas». La razón final es la más profunda de todas: «porque me amaba». No te rescata por tus méritos, sino por Su afecto.
