Dios mío, escucha mi clamor y atiende a mi súplica en este momento en que el cansancio o la rutina intentan abatir mi corazón. Cuando me sienta lejos o desterrado de la paz, llévame a esa roca inaccesible que eres Tú mismo. Quiero habitar para siempre en Tu morada y cumplir mis compromisos día tras día, protegido por la guardia invencible de Tu gracia y Tu lealtad. Amén.
