
En aquel tiempo, exclamó Jesús: « Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga carga ligera.»
🛡️ Salmo 101 (A)| : «El Grito del Desahogo y el Vuelo de la Lechuza»
Esta primera parte del salmo presenta una situación dramática para el poeta y para la ciudad. Es probable que muchos sentimientos y emociones que leas aquí sean semejantes a los que hayas tenido en algún momento…, angustia, cierta desesperación…
Te propongo que hoy, –dada las situaciones difíciles por las que pasan algunas personas–, hagas una oración o cuando recites el salmo lo tengas presente por alguien que sepas que está pasando por ella, y, dedica un tiempo, –si puedes y es conveniente– a escucharla.
Este es uno de los siete solemnes Salmos Penitenciales. Es una radiografía poética y psicológica del dolor humano en su estado más puro. El salmista no disfraza su vulnerabilidad: describe la ansiedad, el insomnio, la soledad y el desgaste físico con una honestidad desgarradora, recordándonos que el primer paso para la sanación interior es vaciar el corazón con total transparencia ante el Creador.
🗣️ Herramientas
Jaculatoria : «Señor, escucha mi oración, que mi grito llegue hasta ti; no me escondas tu rostro el día de la desgracia.»
o también:Inclina tu oído hacia mí«.
Reto del día: «Vaciar la Carga». Si hoy sientes el peso del cansancio acumulado, de una mala noticia o de una preocupación que te ronda la cabeza, vas a hacer un ejercicio de desahogo consciente. Escribe en un papel aquello que te angustia o te hace sentir «agostado como la hierba». Una vez lo hayas vaciado, haz una pausa, repite la jaculatoria del salmo entregando esa carga y rompe el papel como un acto voluntario de liberar el control y recuperar tu paz interior. 🙏
✍️ ¡Está bien no poder con todo, entrega hoy tus cargas! 🛡️🌿✨ ¡No te guardes la angustias!. 🙌❤️🌅
Bendiciones, hasta mañana.
Salmo 101 A
Señor, escucha mi oración,
que mi grito llegue hasta ti;
no me escondas tu rostro
el día de la desgracia .
Inclina tu oído hacia mí;
cuando te invoco, escúchame en seguida.
Que mis días se desvanecen como humo,
mis huesos queman como brasas;
mi corazón está agostado como hierba,
me olvido de comer mi pan;
con la violencia de mis quejidos,
se me pega la piel a los huesos.
Estoy como lechuza en la estepa,
como búho entre ruinas;
estoy desvelado, gimiendo,
como pájaro sin pareja en el tejado.
Mis enemigos me insultan sin descanso;
furiosos contra mí, me maldicen.
En vez de pan, como ceniza,
mezclo mi bebida con llanto,
por tu cólera y tu indignación,
porque me alzaste en vilo y me tiraste;
mis días son una sombra que se alarga,
me voy secando como la hierba.

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