
«Y le preguntaron sus discípulos: «Rabbí, ¿quién pecó, él o sus padres, para que haya nacido ciego?» Respondió Jesús: «Ni él pecó ni sus padres; es para que se manifiesten en él las obras de Dios.»
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En el Antiguo Testamento, se unía la enfermedad a la culpa, al pecado.
Y, también, hoy. No hace mucho una persona me comentaba, – ¿Por qué tuvo que enfermar tal persona si no hizo mal a nadie y es una buena mujer?
¡Señor, sáname! Es el grito de este salmo y es una hermosa oración porque la sanación de la persona no es de un dolor físico o mental, sino también espiritual, Ya dijimos, en otro comentario, que no hay peor dolor que el tormento del alma.
Además es considerado el de la empatía, de la «medicina espiritual»: nos enseña una regla de oro que nunca falla: la misericordia es un seguro de salud espiritual. Lo que das hoy, es lo que recibirás cuando tú seas el que esté en la cama de dolor. No sé cómo pero por mi experiencia de vida, funciona casi siempre, aún en los casos que aparentemente fallaba, cuando pude conocer los detalles, resulta que era solo una apariencia, da resultado.
🗣️ Herramientas
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Jaculatoria: «Dichoso el que cuida del desvalido: en el día del peligro lo librará el Señor.»
o también: Te la recomiendo para hoy, para que lo repitas en tu mente y en tu corazón.
¡Señor, sáname!
Sana mi ira, mi rencor, mi egoísmo, mi pereza, mis palabras hirientes, mis …
Sana mi cuerpo, mi mente, para que nunca, ¡nunca! mi espíritu esté atormentado. -
Reto del día: «La Visita de Cortesía». Hoy, identifica a alguien en tu círculo que esté «desvalido» (alguien enfermo, triste o simplemente que se sienta solo). Tu reto es hacerle una llamada o enviarle un mensaje genuino para saber cómo está. No lo hagas por compromiso, hazlo como una «siembra» de misericordia.
Hasta mañana. Feliz día. Bendiciones.
Léelo o escúchalo:
Salmo 40
Oración de un enfermo
Dichoso el que cuida del pobre y desvalido;
en el día aciago lo pondrá a salvo el Señor.
El Señor lo guarda y lo conserva en vida,
para que sea dichoso en la tierra,
y no lo entrega a la saña de sus enemigos.
El Señor lo sostendrá en el lecho del dolor,
calmará los dolores de su enfermedad.
Yo dije: «Señor, ten misericordia,
sáname, porque he pecado contra ti».
Mis enemigos me desean lo peor:
«a ver si se muere, y se acaba su apellido».
El que viene a verme habla con fingimiento,
disimula su mala intención,
y, cuando sale afuera, la dice.
Mis adversarios se reúnen a murmurar contra mí,
hacen cálculos siniestros:
«Padece un mal sin remedio,
se acostó para no levantarse».
Incluso mi amigo, de quien yo me fiaba,
que compartía mi pan,
es el primero en traicionarme.
Pero tú, Señor, apiádate de mí,
haz que pueda levantarme,
para que yo les dé su merecido.
En esto conozco que me amas:
en que mi enemigo no triunfa de mí.
A mí, en cambio, me conservas la salud,
me mantienes siempre en tu presencia.
Bendito el Señor, Dios de Israel,
ahora y por siempre. Amén, amén.
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¡Sáname Señor!! Cúbreme con tus alas y hallare un refugio para mi enfermedad…
Gracias María, los Salmos tienen ese misterio de llevarnos a una Sanación lenta y firme.y hemos de sentir, que solo con la FE…
LO PODEMOS LOGRAR!! QUE GRANDE ES EL SEÑOR!!Nos cura nuestras tribulaciones.