
«Y, Jesús levantando los ojos al cielo, dio un gemido, y le dijo: «Effatá», que quiere decir: «¡Abrete!». Se abrieron sus oídos y, al instante, se soltó la atadura de su lengua y hablaba correctamente».
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Este es, sin duda, el salmo uno de los salmos más querido y recitado de la historia. Es el «Salmo del Descanso». En un mundo que nos empuja a correr, a producir y a preocuparnos, el Salmo 22 nos invita a cerrar los ojos y dejarnos guiar.
Muchos símbolos profundos y bellos en este salmo. Da reposo, paz al alma…
Si lo recitas con el corazón sentirás como una suave brisa, de aliento, de luz, de consuelo.
Es como que en el camino alguien va contigo, guía tus pasos, ilumina tus sendas…
Tu vida es abundancia, tu copa rebosa… aunque camine por cañadas oscuras…
En el salmo se da el cambio de «tercera persona» a «segunda persona». Al principio, el salmista habla de Dios («Él me guía»), pero cuando llega a la cañada oscura, habla con Dios («Tú vas conmigo»). Esto nos enseña que en los momentos difíciles es cuando la fe se vuelve relación personal.
Dios no es solo una idea, es una presencia.
🗣️Decreto: “Me unges la cabeza con perfume y mi copa rebosa”.
🎯 Reto del día
«Una Cita en la Pradera»: Hoy, dedica 10 minutos a «no hacer nada» productivo. «Meta no hacer nada» el «dolce far niente». Siéntate en silencio, si puede ser en algún lugar en contacto con la naturaleza o delante de unas plantas. Deja el móvil lejos y simplemente repite: «El Señor es mi pastor, nada me falta». El reto es vencer la ansiedad de estar ocupado y permitir que Dios repare tus fuerzas antes de que termine el día.
Lo puedes escuchar o leer más abajo:
si quieres empezar la Novena de San José para terminarla para su fiesta, hoy es el día de comenzar
Novena Los Sueños de san José
Salmo 22
El Señor es mi Pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar;
Me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas;
me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tu vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan.
Preparas una mesa ante mí,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa.
Tu bondad y tu misericordia
me acompañan todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor por años sin término.

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