Salmo 90, abre los ojos, nueve de julio

Señor Dios, Altísimo y Omnipotente, hoy decido habitar bajo Tu amparo y vivir a la sombra de Tus alas. Sé mi refugio, mi alcázar seguro y la roca firme en la que deposito toda mi confianza. Líbrame del temor al futuro, del espanto del desánimo y de las redes de la prisa. Envía a Tus ángeles para que guarden mis pasos en esta jornada, y que Tu promesa de estar conmigo en la tribulación llene mi corazón de una audacia serena y de Tu salvación. Amén.

Salmo 49 A, la retama amarilla, siete de mayo

«Al oír esto Jesús quedó admirado y dijo a los que le seguían: «Os aseguro […]

Salmo 50, me inculcas sabiduría, cinco de marzo

En aquel tiempo, entre lo que enseñaba Jesús a la gente, dijo: «¡Cuidado con los […]

Salmo 51, como verde olivo, veintitrés de noviembre

Y el Señor añadió: «Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios, ¿no […]

Salmo 125, sembrar para cosechar, doce de febrero

En aquel tiempo, llamó Jesús de nuevo a la gente y les dijo: «Escuchad y […]