Salmo 19, el deseo de Tu Corazón, cinco de marzo

Lo más poderoso de este salmo es la distinción entre las fuentes de confianza. El mundo dice: «Unos confían en sus carros, otros en su caballería» (hoy serían el dinero, los contactos o el currículum). Pero el creyente dice: «Nosotros invocamos el nombre del Señor». No es que los recursos humanos sean malos, es que son insuficientes. La verdadera victoria es la que Dios concede al «ungido», es decir, a aquel que pone su misión en manos de la voluntad divina.

Cantando desde mi sillón con la naturaleza, imagen de Jon Knorr

Salmo 97, armonía cósmica, diecisiete de octubre

Jesús dijo: los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos. +++ Himno […]

Salmo 67 A, una lluvia copiosa, veintiocho de agosto

Desde Colonia Unión, Ctes Argentina, imagen de Alberto Rotchyn Y les decía: «(…) ¡Poneos en […]