Salmo 123, si Él no hubiera estado de nuestra parte, catorce de septiembre

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «¿Habéis oído que se dijo: “‘Amarás a […]

Salmo 76, cruzando las aguas, dieciocho de junio

Señor Dios, en los momentos en que la angustia apriete y la agitación no me deje hablar, calma mi corazón con Tu paz. Aleja de mí la tentación de creer que Tu misericordia se ha agotado. Elijo hoy recordar Tus antiguas proezas en mi historia personal. Sé que Tus caminos son santos y que, aunque te abras paso por aguas caudalosas sin dejar rastro visible, Tu mano fuerte me sigue guiando cada mañana. En Tus manos invisibles pero seguras me encomiendo hoy. Amén.

Salmo 21 A, Abandono, siete de marzo

Este Salmo 21 A, Abandono, comienza con el grito de abandono, pero no es un grito de falta de fe, sino de intimidad herida. El salmista se describe como «agua que se derrama» o «cera que se derrite», imágenes perfectas de la depresión y el agotamiento extremo. Lo impresionante es que, a pesar de sentirse como un «gusano», sigue llamando a Dios «Fuerza mía». Nos enseña que el lamento es una forma sagrada de oración: a Dios no le asustan nuestras quejas ni nuestras dudas.

Salmo 19, el deseo de Tu Corazón, cinco de marzo

Lo más poderoso de este salmo es la distinción entre las fuentes de confianza. El mundo dice: «Unos confían en sus carros, otros en su caballería» (hoy serían el dinero, los contactos o el currículum). Pero el creyente dice: «Nosotros invocamos el nombre del Señor». No es que los recursos humanos sean malos, es que son insuficientes. La verdadera victoria es la que Dios concede al «ungido», es decir, a aquel que pone su misión en manos de la voluntad divina.

Salmo 10, sus ojos observan, diecisiete de febrero

Cuando veas injusticias en tu trabajo, en tu familia o en el mundo, no reprimas tu sentimiento. Haz como el salmista: dile a Dios que te parece que está lejos. La fe no es negar la realidad, sino presentar esa realidad ante el Único que puede cambiarla. Al final, el Salmo 10 nos recuerda que Dios es el «Padre de los huérfanos» y que Él escucha el deseo de los humildes.

Salmo 9 B, la esperanza no perecerá, dieciséis de febrero

Hay una frase que es el corazón de este texto: «Él no olvida jamás al pobre». En un mundo que a menudo ignora a los pequeños o a los que no tienen voz, el Salmo 9B nos asegura que Dios lleva un registro de cada lágrima y cada injusticia. La «venganza» de la que habla el salmo no es odio, sino el restablecimiento del orden y la verdad.

Salmo 106 A, por un camino derecho, seis de noviembre

Y dijo Marta a Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano. […]