Salmo 70 B, desde mi juventud, siete de junio

Señor Dios, aunque el camino haya sido difícil y me hayas hecho pasar por peligros muchos y graves, yo decido seguir esperando en Ti. Gracias por instruirme desde mi juventud y por no abandonarme nunca. Te pido que hoy acrecientes mi dignidad y me consueles de nuevo, para que mis labios y mi alma, que Tú redimiste, no dejen de cantar Tu lealtad. Que mi vida sea un testimonio vivo de que no hay nadie como Tú. Amén.

Salmo 21 C, sin fronteras, nueve de marzo

Jesús levantó los ojos al cielo y oró diciendo: Yo les he dado la gloria […]

«Una mimada de Dios»

Elvira Ceballos: Una mimada de Dios Una vida que desafió los límites El tiempo que […]