Salmo 61, el jazmín blanco, veintidós de mayo

Señor, ante las tensiones del día y las palabras falsas que a veces me rodean, elijo que mi alma descanse solo en Ti. Tú eres mi roca, mi salvación y mi alcázar: ¡no vacilaré! Te entrego mis afanes y desahogo ante Ti mi corazón, confiando en Tu poder y en Tu gracia. Recuérdame hoy que las dificultades son solo un soplo y que mi vida está segura en Tus manos. Amén.

Salmo 54 A, alas de paloma, doce de agosto

Jesús concluyó: «El que persevere hasta el fin, ése se salvará.» +++ Recorremos con este […]

Salmo 61, ¿a quién abres tu corazón?, cuatro de diciembre

 El centurión le replicó: «Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo. Basta […]