Salmo 135 A, Eterna es su Misericordia, treinta de septiembre

✝️ En aquel tiempo, dijo Jesús al gentío: «Esta es la voluntad de mi Padre: […]

Salmo 135 C, gracias, veintinueve de septiembre

Otro, que era discípulo, le dijo: «Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre.» […]

Salmo 135 B, con mano poderosa, veintinueve de septiembre

El estribillo insiste de nuevo con fuerza: «porque es eterna su misericordia». Para el pueblo de Israel, el Éxodo y el paso del mar Rojo no eran simples relatos del pasado, sino la prueba viva de que Dios interviene activamente cuando su gente sufre. La «mano poderosa» y el «brazo extendido» del Señor representan ese amor protector que no se conforma con vernos sometidos al miedo, al pecado o al desánimo. En nuestra vida cotidiana, a menudo nos topamos con «mares Rojos»: situaciones bloqueadas, problemas de los que no vemos salida o ataduras interiores. Este salmo nos invita a confiar en que la misericordia de Dios sigue abriendo senderos donde antes solo había obstáculo e imposibilidad.

Salmo 135, Gran Hallel de Alabanza – Domingo de Pascua

«¿Por qué buscan entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado». (Lucas […]

Salmo 135 C, te acompaña, dieciocho de enero

Esta última parte muestra una misericordia que no es solo acontecimiento pasado, sino fidelidad que acompaña. Dios no solo libera una vez: conduce, sostiene, alimenta, recuerda.
La misericordia se vuelve aquí camino largo: desierto, lucha, cansancio, espera, provisión diaria.
No hay épica sin cotidianeidad, no hay promesa sin proceso.

Salmo 135 B, liberación, diecisiete de enero

La misericordia ya no se manifiesta solo en la creación, sino en la historia concreta de opresión y de salida.

Lo que para el mundo parece fuerza, juicio o ruptura, el salmo lo nombra como misericordia, porque la misericordia no es solo ternura: es también intervención que rompe cadenas.

Salmo 135 A, Gracias y Misericordia, dieciséis de enero

Este salmo es una gran letanía de gratitud. Cada frase nombra una acción de Dios y cada vez responde el corazón con la misma confesión: su misericordia es eterna.
El salmo comienza confesando quién es Dios (Señor, Dios de los dioses, Señor de los señores), luego proclama lo que hace: crea, ordena, sostiene, ilumina.
Y en todo, el hilo que une es uno solo: la misericordia.

Salmo 135 C, fiesta de Agradecimiento, cuatro de mayo

En aquel tiempo, exclamó Jesús: Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, […]

Salmo 135 B, La Misericordia rompe cadenas, tres de mayo

En aquel tiempo, exclamó Jesús: «Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque […]

Salmo 135 A, El Eco Eterno de la Misericordia, dos de mayo

Jesús tomó la palabra y dijo: «Venid a mí todos los que estáis afligidos y […]