Salmo 77 C, se Acordaban de la Roca, veintiuno de junio

Señor Dios, reconozco que muchas veces mi corazón no es del todo sincero y que te busco más por mis necesidades que por el deseo de estar contigo. Gracias por Tu infinita paciencia, por sentir lástima de mis caídas y por reprimir Tu enojo cuando te fallo. Gracias porque te acuerdas de que soy de carne, un suspiro en el tiempo. Limpia mis labios de toda adulación falsa y hazme hoy fiel a Tu alianza de amor. Amén.

Salmo 143, extiende la mano, veintisiete de enero

Este salmo une dos movimientos profundos: la fuerza que viene de Dios y la pequeñez del ser humano.
Dios es roca, defensa, maestro del combate; pero el hombre es apenas soplo, sombra que pasa.

No hay contradicción: precisamente porque el ser humano es frágil, necesita apoyarse en la Roca. La victoria no nace de la violencia, sino de la confianza en Aquel que desciende, interviene y salva.

El salmo culmina en alabanza: después de la lucha, el canto nuevo. La fe transforma el combate en música y la supervivencia en gratitud.

Salmo 77 C, sobre esta roca, diecinueve de septiembre

Salmo 143, extiende la mano, veintisiete de agosto

Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: «Ahí tenéis a un israelita […]

Martes santo, ¡traiciones!

Pedro le preguntó: ¿Por qué no puedo seguirte ahora? Yo daré mi vida por ti”. […]