Entonces Jesús les dijo: Las ovejas atienden a la voz del Buen Pastor, y él […]
Entonces Jesús les dijo: Las ovejas atienden a la voz del Buen Pastor, y él […]
Líbrame de mis enemigos, Dios mío, y protégeme de todo lo que hoy intente robarme la paz. Sin culpa mía, a veces surgen dificultades que me acosan; por eso me quedo velando contigo, porque Tú eres mi fuerza y mi alcázar. Que Tu favor se adelante a mis pasos hoy y que mi boca no deje de tocar en Tu honor. Amén.
En aquellos días, María se levantó y se puso en camino de prisa hacia la […]
Jesús dijo: «Yo les he dado tu Palabra, y el mundo los ha odiado, porque […]
Entonces Jesús llamó a los Doce y los envió de dos en dos, dándoles poder […]
En aquel tiempo, los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús, y le contaron todo lo […]
Este salmo une dos movimientos profundos: la fuerza que viene de Dios y la pequeñez del ser humano.
Dios es roca, defensa, maestro del combate; pero el hombre es apenas soplo, sombra que pasa.
No hay contradicción: precisamente porque el ser humano es frágil, necesita apoyarse en la Roca. La victoria no nace de la violencia, sino de la confianza en Aquel que desciende, interviene y salva.
El salmo culmina en alabanza: después de la lucha, el canto nuevo. La fe transforma el combate en música y la supervivencia en gratitud.
Salmo 140 una oración de vigilancia interior. No solo pide ser protegido del mal exterior, sino —con mayor profundidad— del mal que puede nacer dentro: la palabra descontrolada, el corazón inclinado, la complicidad silenciosa.
Este salmo es una oración de protección en medio del conflicto. No idealiza la realidad: nombra la violencia, la mentira, la intriga, el abuso del poder y de la palabra.
El orante no responde con venganza, sino con confianza radical: “Tú eres mi Dios”. Dios aparece como escudo, fuerza y justicia, especialmente para el humilde y el pobre.
En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos, y los mandó delante de […]