Salmo 63, la flor de Romero, veinticuatro de mayo

Entonces Jesús les dijo: Las ovejas atienden a la voz del Buen Pastor, y él […]

Salmo 58, la flor del almendro, diecinueve de mayo

Líbrame de mis enemigos, Dios mío, y protégeme de todo lo que hoy intente robarme la paz. Sin culpa mía, a veces surgen dificultades que me acosan; por eso me quedo velando contigo, porque Tú eres mi fuerza y mi alcázar. Que Tu favor se adelante a mis pasos hoy y que mi boca no deje de tocar en Tu honor. Amén.

Salmo 34 A, el Juez competente, veintisiete de marzo

En aquellos días, María se levantó y se puso en camino de prisa hacia la […]

Salmo 33 B, apártate del mal, veintiséis de marzo

Jesús dijo: «Yo les he dado tu Palabra, y el mundo los ha odiado, porque […]

Salmo 27, no te quedes mudo, dieciséis de marzo

Entonces Jesús llamó a los Doce y los envió de dos en dos, dándoles poder […]

Salmo 5, por la mañana, diez de febrero

En aquel tiempo, los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús, y le contaron todo lo […]

Salmo 143, extiende la mano, veintisiete de enero

Este salmo une dos movimientos profundos: la fuerza que viene de Dios y la pequeñez del ser humano.
Dios es roca, defensa, maestro del combate; pero el hombre es apenas soplo, sombra que pasa.

No hay contradicción: precisamente porque el ser humano es frágil, necesita apoyarse en la Roca. La victoria no nace de la violencia, sino de la confianza en Aquel que desciende, interviene y salva.

El salmo culmina en alabanza: después de la lucha, el canto nuevo. La fe transforma el combate en música y la supervivencia en gratitud.

Salmo 140, incienso que sube, veinticuatro de enero

Salmo 140 una oración de vigilancia interior. No solo pide ser protegido del mal exterior, sino —con mayor profundidad— del mal que puede nacer dentro: la palabra descontrolada, el corazón inclinado, la complicidad silenciosa.

Salmo 139, líbrame del malvado, veintitrés de enero

Este salmo es una oración de protección en medio del conflicto. No idealiza la realidad: nombra la violencia, la mentira, la intriga, el abuso del poder y de la palabra.

El orante no responde con venganza, sino con confianza radical: “Tú eres mi Dios”. Dios aparece como escudo, fuerza y justicia, especialmente para el humilde y el pobre.

Salmo 139, me cubres la cabeza, nueve de mayo

En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos, y los mandó delante de […]