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Salmo 70 A, pasan los años, seis de junio

Jesús les dijo: «vendrán de oriente y occidente, del norte y del sur, y se […]

Salmo 69, lo celebraré, cinco de junio

Jesús les dijo: “Yo soy la vid, ustedes los sarmientos; el que permanece en Mí […]

Salmo 68 C, revivirá vuestro corazón, cuatro de junio

Jesús dijo a la multitud: «El Reino de los Cielos se parece a un tesoro […]

Salmo 68 B, respóndeme, tres de junio

Dejando a la gente, se llevaron  a Jesús en  la barca, como estaba; otras barcas […]

Salmo 68 A, con el agua al cuello, dos de junio

En aquel tiempo, Jesús tomó la palabra y dijo: «Tomad mi yugo sobre vosotros y […]

Salmo 67 C, cantad y tocad, uno de junio

En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos, y los mandó delante de […]

Visitación, la flor de la azuzena, treinta y uno de mayo

Señor Dios, que transformás el mundo a través de los sencillos, haz que mi alma proclame Tu grandeza y que mi espíritu se alegre en Ti, mi Salvador. Dame la santa prisa de María para ponerme en camino y servir a quienes me rodean. Que cuando hable, mis palabras lleven la paz y la alegría de Tu Espíritu, y que aprenda, como mi Madre del Cielo, a guardar Tus maravillas en el corazón para cantar siempre Tu fidelidad. Amén.

Salmo 67 B, la Flor de la Pasionaria, treinta de mayo

Señor Dios, dueño de las cumbres y de los valles, gracias porque no tengo que vivir a la defensiva ni competir con el orgullo del mundo. Cúbreme hoy con las alas de Tu gracia, haz que mi vida destelle con la pureza de la plata y el oro de Tu amor mientras descanso en Tu fidelidad. Te entrego desde este momento mis preocupaciones, mis tareas y mis cansancios; bendito seas porque sé que llevas mis cargas cada día y me haces escapar de la desesperación. Amén.

Salmo 67 A, la flor del ceibo, veintinueve de mayo

Señor Dios, Padre de los desvalidos y protector de mi vida, levántate hoy en mi corazón y disipa todos mis temores, dudas y ansiedades como el humo que se lleva el viento. Tú que caminas conmigo por los desiertos de la vida, derrama Tu lluvia copiosa sobre mi alma extenuada. Dame la gracia de vivir hoy en Tu presencia con un corazón rebosante de alegría, sabiendo que Tú me preparas un lugar seguro y que Tu bondad nunca me va a faltar. Amén.