Salmo 66, la flor del espinillo, veintiocho de mayo

Señor Dios, ten piedad de mí y bendíceme; haz que Tu rostro brille sobre mi vida para que mis dudas y temores se desvanezcan. Que Tu luz me atraviese de tal manera que quienes me rodean hoy puedan conocer Tus caminos de paz y de justicia a través de mis acciones. Gracias porque sé que bajo Tu cuidado la tierra siempre da su fruto. Que Tu bendición me acompañe y me convierta en un canal de Tu alegría para el mundo. Amén.

Salmo 65 B, flor de alcaparra, veintisiete de mayo

Señor Dios, aquí estoy para cumplir lo que mis labios prometieron cuando me encontraba en peligro. Gracias porque me escuchaste, porque no rechazaste mi súplica ni me retiraste tu favor cuando más lo necesitaba. Limpia mi corazón de cualquier mala intención o doblez para que mi oración sea siempre transparente ante Ti. Dame la valentía de compartir con el mundo tus maravillas y que mi vida entera sea un canto de agradecimiento. Amén

Salmo 65 A, La Flor del Oroazul, veintiséis de mayo

Señor Dios de poder, Tú conoces los momentos en los que me siento en la trampa o abrumado por las cargas de la vida. Gracias porque sé que me estás refinando como a la plata, quitando de mí lo que no sirve para hacerme brillar más. No dejes que mis pies tropiecen en medio de la tormenta. Dame la fuerza para cruzar el fuego y el agua, manteniendo la mirada fija en Ti, sabiendo que muy pronto me darás el respiro que tanto necesito. Amén.

Salmo 64, la flor de azahar, veinticinco de mayo

Señor Dios, salvador nuestro y esperanza del mundo, gracias porque Tus respuestas siempre superan mis expectativas. Mis errores me abruman, pero Tu perdón me levanta y me devuelve la paz. Riega hoy los desiertos de mi corazón, suaviza mis durezas con la llovizna de Tu gracia y haz que mi vida dé frutos de alegría y generosidad. Confío en que me cuidas y me enriqueces sin medida. Que hoy pueda ser un reflejo de Tu abundancia. Amén.

Salmo 63, la flor de Romero, veinticuatro de mayo

Entonces Jesús les dijo: Las ovejas atienden a la voz del Buen Pastor, y él […]

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Salmo 62, la rosa roja silvestre, veintitrés de mayo

Señor, Dios mío, Tú conoces mis sequedades y cuántas veces busco saciarme en cosas que no llenan. Hoy te digo con todo mi ser que mi alma tiene sed de Ti. Tu gracia vale más que la vida misma. Quédate conmigo hoy; que sienta el abrazo de Tu diestra que me sostiene y la seguridad de Tus alas que me cubren. Que mi vida entera sea un canto de júbilo y alabanza para Ti. Amén.

Salmo 61, el jazmín blanco, veintidós de mayo

Señor, ante las tensiones del día y las palabras falsas que a veces me rodean, elijo que mi alma descanse solo en Ti. Tú eres mi roca, mi salvación y mi alcázar: ¡no vacilaré! Te entrego mis afanes y desahogo ante Ti mi corazón, confiando en Tu poder y en Tu gracia. Recuérdame hoy que las dificultades son solo un soplo y que mi vida está segura en Tus manos. Amén.

Salmo 60, El Edelweiss, veintiuno de mayo

Dios mío, escucha mi clamor y atiende a mi súplica en este momento en que el cansancio o la rutina intentan abatir mi corazón. Cuando me sienta lejos o desterrado de la paz, llévame a esa roca inaccesible que eres Tú mismo. Quiero habitar para siempre en Tu morada y cumplir mis compromisos día tras día, protegido por la guardia invencible de Tu gracia y Tu lealtad. Amén.

Salmo 59, flor del granado, veinte de mayo

Señor, cuando las dificultades sacudan mi vida y sienta que mis filas se rompen, ven a mi encuentro. Reconozco que a menudo busco seguridades humanas que resultan inútiles. Sé Tú mi guía hacia las plazas fuertes que hoy debo afrontar. Dame un espíritu valiente y decido marchar hoy bajo Tu bandera, convencido de que contigo haré proezas. Amén.