Pero Jesús, conociendo sus pensamientos, respondió y les dijo: «¿Qué estáis pensando en vuestros corazones? […]
Pero Jesús, conociendo sus pensamientos, respondió y les dijo: «¿Qué estáis pensando en vuestros corazones? […]
Jesús al ver a las muchedumbres, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, […]
Jesús les preguntó, entonces, a los apóstoles: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». Simón […]
Firme en la tormenta: La soberanía del Silencio sobre el ruido en el Salmo 92
Señor Dios, Altísimo y Omnipotente, hoy decido habitar bajo Tu amparo y vivir a la sombra de Tus alas. Sé mi refugio, mi alcázar seguro y la roca firme en la que deposito toda mi confianza. Líbrame del temor al futuro, del espanto del desánimo y de las redes de la prisa. Envía a Tus ángeles para que guarden mis pasos en esta jornada, y que Tu promesa de estar conmigo en la tribulación llene mi corazón de una audacia serena y de Tu salvación. Amén.
Señor Dios, refugio nuestro de generación en generación, antes de que naciesen los montes Tú ya eras Dios. Ante la brevedad de mi vida, que pasa rápido y vuela, te pido hoy el don de la sabiduría: enséñame a calcular mis días para que adquiera un corazón sensato, libre de ansiedades triviales. Sáciame por la mañana con Tu misericordia para que toda mi jornada sea alegría y júbilo. Que Tu bondad baje hoy sobre mí y haga prósperas las obras de mis manos. Amén.
Señor Dios, Tú conoces lo corta que es mi vida y lo caduco de mi condición. No permitas que gaste mis días doblando las rodillas ante las dificultades o el desánimo. Acuérdate de Tu misericordia en los momentos en que me cuesta percibir Tu presencia. Hoy elijo levantar la mirada por encima de las murallas caídas y de las dudas de mi mente para declarar con todo mi ser: ¡Bendito el Señor por siempre! Amén, amén.
Señor Dios, gracias porque Tu amor hacia mí no es cambiante ni depende de mi perfección. Reconozco mis fragilidades y te pido que me corrijas con Tu sabiduría cuando me desvíe de Tu ley. Gracias porque, a pesar de mis caídas, jamás retiras de mí Tu favor ni desmientes Tu fidelidad. Mantén mi vida y mis proyectos estables bajo el amparo de Tu alianza, y haz que mi confianza en Ti permanezca tan firme y duradera como el sol en Tu presencia. Amén.
Señor Dios, mi Padre y mi Roca salvadora, gracias porque Tu mano está siempre conmigo y Tu brazo me hace valeroso frente a los desafíos diarios. Sé Tú mi escudo para que el desánimo no me engañe y las presiones del mundo no me humillen. Que Tu fidelidad y Tu misericordia me acompañen en cada decisión que tome hoy. Establece mi corazón en Tu paz y recuérdame en todo momento mi identidad de hijo amado y protegido. Amén.
Señor Dios mío, Tú que escuchas el grito que nace desde lo profundo del abismo, atiende hoy mi clamor. Cuando sientas que mis ojos se nublan de pesar, que las dificultades me encierran y que mis fuerzas fallan como las de un inválido, no te alejes. Aunque me cueste ver Tu luz y sienta que mi única compañía son las tinieblas, mantén mi alma unida a Ti. Recibe mi súplica sincera por la mañana, por el día y por la noche. Amén.