Salmo 26 B, el Señor me recogerá, quince de marzo

¡Ánimo, no estás solo! ❤️‍🩹✨

La segunda parte del Salmo 26 nos recuerda que Dios es el Padre que nunca nos deja, incluso cuando otros nos dan la espalda. El consejo de hoy es sencillo pero potente: Espera en el Señor y sé valiente. ¡Lo mejor está por venir!

Salmo 26 A, ¿a quién temeré?, catorce de marzo

Salmo 26 A, ¿a quién temeré? El salmista no dice que no hay enemigos, dice que no tienen poder. La clave es la «luz»: el miedo crece en la oscuridad de la incertidumbre, pero cuando Dios ilumina la situación, los monstruos resultan ser sombras. El refugio no es un búnker, es «la casa del Señor» (su presencia).

Salmo 25, a prueba de fuego, trece de marzo

Jesús les dijo: «Tened fe en Dios. Porque de cierto os digo que cualquiera que […]

Salmo 24, tus sendas y caminos, doce de marzo

Entonces Jesús les dijo: «Dad al César lo que es del César, y a Dios, […]

Salmo 23, Quién puede entrar en el palacio del Rey, once de marzo

En aquel tiempo, acercándose Pedro a Jesús le preguntó: «Señor, si mi hermano me ofende, […]

Salmo 22, nada me falta, diez de marzo

Salmo 22 nada me falta. Vivimos en la cultura de la «falta»: siempre nos falta dinero, tiempo o reconocimiento. Este salmo empieza con una declaración de guerra contra la insatisfacción: «Nada me falta». Prácticamente, nos invita a practicar la confianza radical. Tener «pies de descanso» en «verdes praderas» significa aprender a desconectar para conectar con Dios. El descanso no es un lujo, es una necesidad espiritual para que Él pueda «reparar nuestras fuerzas».

Salmo 21 C, sin fronteras, nueve de marzo

Jesús levantó los ojos al cielo y oró diciendo: Yo les he dado la gloria […]

Salmo 21 B, no perdáis el ánimo, ocho de marzo

Jesús les dijo: «¿Está permitido en sábado hacer el bien o el mal, salvar una […]

Salmo 21 A, Abandono, siete de marzo

Este Salmo 21 A, Abandono, comienza con el grito de abandono, pero no es un grito de falta de fe, sino de intimidad herida. El salmista se describe como «agua que se derrama» o «cera que se derrite», imágenes perfectas de la depresión y el agotamiento extremo. Lo impresionante es que, a pesar de sentirse como un «gusano», sigue llamando a Dios «Fuerza mía». Nos enseña que el lamento es una forma sagrada de oración: a Dios no le asustan nuestras quejas ni nuestras dudas.

Salmo 20, superando expectativas, seis de marzo

El Señor designó a otros setenta y dos, y los envió de dos en dos. […]