Salmo 19, el deseo de Tu Corazón, cinco de marzo

Lo más poderoso de este salmo es la distinción entre las fuentes de confianza. El mundo dice: «Unos confían en sus carros, otros en su caballería» (hoy serían el dinero, los contactos o el currículum). Pero el creyente dice: «Nosotros invocamos el nombre del Señor». No es que los recursos humanos sean malos, es que son insuficientes. La verdadera victoria es la que Dios concede al «ungido», es decir, a aquel que pone su misión en manos de la voluntad divina.

Salmo 17 VI, canto agradecido, dos de marzo

  Tomando Juan la palabra, dijo: «Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en […]

Salmo 15, el sendero de la vida, veintidós de febrero

A menudo buscamos la felicidad en «copas ajenas» o ídolos modernos (el éxito, la opinión de los demás, el consumo). El salmo 15 nos invita a un ejercicio de prioridades. Si Dios es el centro, el resto de las piezas del rompecabezas de nuestra vida (familia, trabajo, salud) encuentran su lugar.

Salmo 5, por la mañana, diez de febrero

En aquel tiempo, los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús, y le contaron todo lo […]

Salmo 143, extiende la mano, veintisiete de enero

Este salmo une dos movimientos profundos: la fuerza que viene de Dios y la pequeñez del ser humano.
Dios es roca, defensa, maestro del combate; pero el hombre es apenas soplo, sombra que pasa.

No hay contradicción: precisamente porque el ser humano es frágil, necesita apoyarse en la Roca. La victoria no nace de la violencia, sino de la confianza en Aquel que desciende, interviene y salva.

El salmo culmina en alabanza: después de la lucha, el canto nuevo. La fe transforma el combate en música y la supervivencia en gratitud.

Salmo 142, sáname, veintiséis de enero

Este salmo es la oración del agotamiento confiado. El orante reconoce su fragilidad sin máscaras: no se justifica, no se defiende, se entrega a la fidelidad y a la justicia de Dios.

La oscuridad es real: persecución, tiniebla, sequedad interior. Pero en medio de todo surge un gesto decisivo: recordar. La memoria de las obras de Dios se convierte en fuente cuando el corazón está reseco.

Salmo 141, indícame el Camino, veinticinco de enero

Este salmo es la oración de la soledad extrema. El orante no disimula: está cansado, rodeado de trampas, sin apoyos humanos. Mira a un lado y a otro… y no hay nadie.

Pero en ese vacío emerge una confesión decisiva: “Tú eres mi refugio”

Salmo 140, incienso que sube, veinticuatro de enero

Salmo 140 una oración de vigilancia interior. No solo pide ser protegido del mal exterior, sino —con mayor profundidad— del mal que puede nacer dentro: la palabra descontrolada, el corazón inclinado, la complicidad silenciosa.

Salmo 138 A, observar, veintiuno de enero

Jesús dijo a Nicodemo: Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, […]

Salmo 137, de corazón Gracias, veinte de enero

Jesús, les dijo: ¿Qué discutís, porque no tenéis pan? ¿No entendéis ni comprendéis? ¿Aún tenéis […]