Salmo 19, el deseo de Tu Corazón, cinco de marzo

Lo más poderoso de este salmo es la distinción entre las fuentes de confianza. El mundo dice: «Unos confían en sus carros, otros en su caballería» (hoy serían el dinero, los contactos o el currículum). Pero el creyente dice: «Nosotros invocamos el nombre del Señor». No es que los recursos humanos sean malos, es que son insuficientes. La verdadera victoria es la que Dios concede al «ungido», es decir, a aquel que pone su misión en manos de la voluntad divina.

Salmo 18 A, nada se libra de su calor, tres de marzo

Salmo 18 A, recorriendo el Camino. En la era de las pantallas y el ruido constante, hemos perdido la capacidad de escuchar el «susurro» de la noche o el «mensaje» del día. Este salmo nos invita a la contemplación. Espiritualmente, nos recuerda que no hay excusa para no conocer a Dios, pues Su firma está en cada amanecer. Prácticamente, nos llama a cuidar la creación: si el cielo proclama Su gloria, destruir la naturaleza es como arrancar páginas de un libro sagrado.

Salmo 16 A, prueba de fuego, veinticuatro de febrero

Salmo 16 A, Vivimos en la era de la imagen pública, donde nos importa más «parecer» que «ser». Este salmo nos invita a la coherencia radical.
Prácticamente, nos pide que nuestras palabras en público coincidan con nuestros pensamientos en privado. Es un llamado a caminar con paso firme por la senda de los valores, incluso cuando el camino se pone difícil o nos sentimos juzgados injustamente.

Salmo 10, sus ojos observan, diecisiete de febrero

Cuando veas injusticias en tu trabajo, en tu familia o en el mundo, no reprimas tu sentimiento. Haz como el salmista: dile a Dios que te parece que está lejos. La fe no es negar la realidad, sino presentar esa realidad ante el Único que puede cambiarla. Al final, el Salmo 10 nos recuerda que Dios es el «Padre de los huérfanos» y que Él escucha el deseo de los humildes.

Salmo 8, eres maravilloso, catorce de febrero

En los días en que te sientas insignificante o abrumado por tus fallos, lee el Salmo 8. Nos recuerda que nuestro valor no viene de lo que hacemos o de lo que tenemos, sino de Quién nos pensó. Trata hoy a los demás (y a ti mismo) con esa dignidad: como alguien por quien Dios tiene un cuidado especial.

Salmo 5, por la mañana, diez de febrero

En aquel tiempo, los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús, y le contaron todo lo […]

Salmo 1, raíces limpias, seis de febrero

En aquel tiempo, habló Jesús diciendo: «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que limpiáis […]

Salmo 148, alabanza cósmica, tres de febrero

Jesús les dijo: No hay nada escondido, sino para que sea descubierto; no haya nada […]

Salmo 26, dos de febrero, fiesta de las candelas

Simeón tomó en brazos  al niño Jesús y bendijo a Dios, diciendo: “Señor, ya puedes […]

Salmo 144 B, endereza, veintinueve de enero

Jesús dijo: «El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca lo bueno, y el […]